1939. PRÓLOGO

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

        1939 fue un año crucial en la Historia: acabó la Guerra Civil Española y comenzó la Segunda Guerra Mundial. La primera fue un esbozo de ese mundo fragmentado ideológicamente que degeneró en la segunda. De un lado el fascismo, violento y radical en defensa del orden establecido, la Patria y la Unidad Nacional; de otro el fuego revolucionario, no menos violento, como solución a la injusticia social diagnosticada por el marxismo. Tanto unos como otros desembocaron en brutales totalitarismos, y en medio, desconcertadas, y arrastrando aún las heridas de la Gran Guerra, las Democracias.

       Un fenómeno parecido, a una escala más reducida, fue el que tuvo lugar en nuestro país. No es tan simple como  a veces lo han querido presentar los políticos de la España reciente, por supuesto de modo interesado: Franco, el tirano bajo el disfraz de Salvador de España (cierto que así fue) frente a la legítima voluntad del pueblo plasmada en la Segunda República; es decir Palpatine frente a la República y sus caballeros Jedi. El contexto del 18 de julio de 1936 nada tiene que ver con el del 23 de febrero de 1981, pero el maniqueísmo que tanto gusta en nuestra tierra,...

       La Guerra Civil Española fue especialmente cruenta debido a que el régimen en vigor, es decir la República, fue incapaz de hacer frente a esa tenaza que acabó por quebrarla. La contradicción existente por un lado entre unas necesidades de Justicia Social que no acababa de satisfacer, y por otro el creciente temor a la vorágine revolucionaria y la destrucción de los valores tradicionales, unido a la amenaza de fractura de la unidad territorial de la Patria, dio pie al llamado Alzamiento Nacional. La respuesta no se hizo esperar, la defensa del orden legítimo fue acompañada de un proceso revolucionario que muchos veían como la solución a aquella sociedad injusta: el paradigma soviético, destruyendo, si era necesario, a la clase opresora del trabajador y a su aparato reaccionario: la Iglesia y el sector conservador del Ejército.  Esto añadió aún más sangre y sufrimiento al ya existente.

 

    En abril de 1939 llegó la victoria de Franco y la Paz. El paredón o la cárcel para los “rojos”, su exilio, y su persecución allende las fronteras nacionales; la reconstrucción nacional y un nuevo estado autoritario basado los valores del Movimiento Nacional: un concepto de sociedad en que únicamente debían expresarse las llamadas entidades naturales: familia, municipio y sindicato.


 

      Imaginen ser un niño de cinco años en aquellos días...hijo de los derrotados...